miércoles, 30 de marzo de 2011, 0:09
Meseras, sirviendo en pedestales de vanidades descascaradas por el ajetreo que producen los grillos para no dejar ver el sol en la mente del pedido de la siguiente mesa. Entonces hablaron los cubiertos, alzando la voz de su supremacia con refinados brillos entre sus cortejos. Mataria aquella mesera con aquel cuchillo, ensangretandome, ensangretandome de su espacio infinito, de su eteriedad. ¡La mataria!
Orgia de cuchillos, cucharas, tenedores y cuanto cubierto pueda existir en esos manteles de seda que cubren tu delicada piel, protegida por esos matices de bambu.. Con su toque fantasioso de selva, que sale a luz con el sonido de sus copas de cristal, recitando tonos del licor elixir que emana de sus conjugaciones extansiantes. Es la escena del crimen perfecto. Luego, arranciaria a toda velocidad hacia ningun lugar.
Escaparia de mi mismo hasta caer hacia la orilla acromatica mas hiperrealista jamas dibujada, dibujada por nadie, solo para saber cuanto me gusta degustar los colores.
Mesera, traigame otra copa de esas, las del color inaudito, que efervecen la razon, al lado de los cuchillos de felpa, a la derecha de dios padre todo acidoso, sirvamelo con dos hielos de holograma con una pisca de tridimensionalidad. Para que decir del tiempo... Para que decir del tiempo...
Me bañare en cenizas si puedo despojarme de lo mundano para acordarme de ver los colores, me asfixiare solo para sentir la pureza del aire otoñal que emana desde la celestialidad de sentir. ¡Declaro la guerra de las formas androgenas, del anarquismo de los conceptos, de la historia suspendida en el tiempo! Lloro colores en las palabras, dibujo esperanzas en lo yermo, convulsiono utopias que quiebran espejos.
"...Y discretamente, se escabulló entre la sutileza de aquellos ritmos de contratiempos insubordinados..."
Meseras, sirviendo en pedestales de vanidades descascaradas por el ajetreo que producen los grillos para no dejar ver el sol en la mente del pedido de la siguiente mesa. Entonces hablaron los cubiertos, alzando la voz de su supremacia con refinados brillos entre sus cortejos. Mataria aquella mesera con aquel cuchillo, ensangretandome, ensangretandome de su espacio infinito, de su eteriedad. ¡La mataria!
Orgia de cuchillos, cucharas, tenedores y cuanto cubierto pueda existir en esos manteles de seda que cubren tu delicada piel, protegida por esos matices de bambu.. Con su toque fantasioso de selva, que sale a luz con el sonido de sus copas de cristal, recitando tonos del licor elixir que emana de sus conjugaciones extansiantes. Es la escena del crimen perfecto. Luego, arranciaria a toda velocidad hacia ningun lugar.
Escaparia de mi mismo hasta caer hacia la orilla acromatica mas hiperrealista jamas dibujada, dibujada por nadie, solo para saber cuanto me gusta degustar los colores.
Mesera, traigame otra copa de esas, las del color inaudito, que efervecen la razon, al lado de los cuchillos de felpa, a la derecha de dios padre todo acidoso, sirvamelo con dos hielos de holograma con una pisca de tridimensionalidad. Para que decir del tiempo... Para que decir del tiempo...
Me bañare en cenizas si puedo despojarme de lo mundano para acordarme de ver los colores, me asfixiare solo para sentir la pureza del aire otoñal que emana desde la celestialidad de sentir. ¡Declaro la guerra de las formas androgenas, del anarquismo de los conceptos, de la historia suspendida en el tiempo! Lloro colores en las palabras, dibujo esperanzas en lo yermo, convulsiono utopias que quiebran espejos.
"...Y discretamente, se escabulló entre la sutileza de aquellos ritmos de contratiempos insubordinados..."

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