de Cedric Ariel Vargas, el Viernes, 30 de septiembre de 2011, 0:22
Un montón de cuerpos...
Hechados uno encima del otro.
Desamparados y brutalmente masacrados
Violentados y mutilados sin importar como se llamaban...
Ni quienes eran.
Son picoteados por aves rapiñas,
Que atacan como serpentinas
Del cumpleaños del hipopótamo castrado,
Que es celebrado por su madre de luto.
Que junto a una foto, se esmera en consolar su...
Perdida.
Ante su...
Victima.
Muerto a manos de ella misma.
Asesina profúga que chorreas espejos negros
Da a la luz tus multiples caras.
Deslizate en los sederos viscerales
De tus instintos carroñeros,
Y con tus pezuñas desgarrame las pasiones,
Muerdeme mis caoticos eventos,
Gritame los olores de tus perfumes hipnoticos.
Coman aves del mal,
Alimentense de esta bestia enferma,
Vuelen ante mi en esta tormenta.
Que se alzen las dudas y trizen el cielo,
Dejen salir las tripas sangrientas de dios.
¡Patea los cuerpos, golpéalos, escúpelos, devástalos!

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