Fotografías húmedas,
Que no se alcanzaron a quemar por completo,
Por la poca importancia que tenían
Como para ser dignas
De convertirse en cenizas
Y esfumarse por encima de las formas encadenadas
De aquellos papeles
A medio quemar
Junto a una pila de vivencias agitadas,
Que fueron vistas derretirse
A plena noche
Por la frialdad del diálogo
Que mantenían voces humeando
Al interior de mi cabeza.
Ya no quedan flores en la tumba de las ilusiones,
Ya nadie pasa a visitarlas de vez en cuando
Ni tampoco a lo lejos,
Ni tampoco al panteonero le interesa
Ultrajar entre sus huesos carcomidos
Los brillantes rubíes
Que algún día
Encandilaron los ojos
De visitantes nocturnos
Que soñaban hacerse ricos
De ideas volátiles,
Que secuestraban sus inocencias
Y que los llevo a merodear las criptas
Y encontrarse de frente,
Errantes,
Ante la muerte colorida
Que no dudo por un segundo,
Antes de desmantelar brutalmente
La ingenuidad tallada,
Y luego fotografiada,
Que no gano ningún lugar
Ni premio de consuelo
En el concurso de auto-taxidermia,
Pero que aún se le puede ver,
Cuando se alinean los astros,
Tomar forma humana
Y correr descalza de noche por las calles del pueblo
Dejando a su paso
Una fumarola fragmentaria
De tierra de cementerio
Y trozos de creencias incautas,
A toda la velocidad que le permitía su inestable condición
Casi humana,
Casi monstruo
Desesperada por la confusión,
Y el miedo
De perecer eterna
Ululando
Entre sus fantasías de fuego y lombrices,
Para luego desaparecer en la oscuridad de sus fotografías
A medio quemar
A medio vivir.
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